Resiliencia y Propósito. Aprendiendo en Benín

Me gustaría en esta ocasión compartir una historia personal, durante mi primer viaje a Benín en 2008.

Estábamos colaborando con la Sociedad de Misiones Africanas para construir una escuela en Kalalé. Ramón acababa de conocerlo hacía pocos meses. Se acercó a la parroquia interesándose por nuestro proyecto en Benín. Estábamos buscando fondos para construir la escuela. El se ofreció a ayudarnos, completando la financiación hasta la cifra necesaria para que el proyecto prosperara. Llegado el momento así fue.

Por otro lado, a Marcos siempre le había dicho que, por favor, en la primera ocasión que regresara a Benín, que me avisara, que nos gustaría ir con él. Ese día llegó: “En mayo regreso unos meses a Benin. ¿Os venís Carmen y tu?”. Sin pensarlo dos veces respondimos que sí: “…sólo dependemos de la comunión de Miguel, nuestro hijo. Que no sea en las mismas fechas”.Finalmente, todo cuadró y pudimos ir. Pero Carmen, en esta ocasión, prefirió quedarse por prudencia… “no debemos irnos los dos. Por si acaso… Los niños son muy pequeños”.Y como quedaba una plaza libre se la ofrecimos a Ramón.

Así empezó nuestra aventura en Benín: un país desconocido, un compañero de habitación durante 10 días también desconocido, y abiertos -ambos- a aprender…

Durante el viaje tuve la oportunidad de conocer la historia de Ramón y Arantxa. Acababan de perder a su hija Alaine: un tumor cerebral. Con su muerte habían decidido impulsar una fundación para extender la sonrisa de su hija entre aquellos niños poco afortunados por motivos tan tremendamente injustos como el lugar de nacimiento… Por eso estaba Ramón en Benín: buscando como poner en marcha su propósito, la fundación, después de la pérdida más grande que se puede experimentar.

También tuvimos la oportunidad de contagiarnos de la vida de Sor Cristina y Sor Carmen en el Hospital de San Juan de Dios en Tanguieta. Entregadas al cuidado de los niños, de las madres, de los enfermos… No solamente el cuidado médico y nutricional. Sobre todo, el acompañamiento afectivo, emocional y el interés por la educación de sus enfermos. Educación para liberar de las barreras culturales; de las prisiones de las falsas creencias.

Al rato de llegar, Sor Cristina nos enseño el Hospital, y entre las muchas dependencias, nos paramos especialmente en el módulo de los niños y niñas con polio. Una enfermedad que en nuestra burbuja cotidiana ha desaparecido gracias a las vacunas. Allí, sin embargo, es una enfermedad todavía endémica.

Imaginaros una clase con 30 o 40 niños, la mayoría menores de 12 años, con polio -operados, con prótesis y/o escayolados para corregirles algunas de las malformaciones- estudiando como un día cualquiera de clase. Cuando nos ven llegar, sonríen -a pesar de sus piernecitas escayoladas y aprisionadas. Sin poder moverse, ni correr… pero felices.

Todavía emocionados por la situación y la alegría contagiosa de los niños, camino de la residencia de las monjas teatinas, Sor Cristina nos cuenta la historia de la polio en África y como, en muchas tribus, se estigmatiza a los enfermos porque se considera que la polio es un castigo por los pecados paternos, que se trata de manifestaciones del demonio. Estas creencias llevan, en muchas ocasiones, a que estos niños sean asesinados porque se les considera hijos del mal, frutos de algún pecado…

No pude contener -en ese momento mientras me contaba su historia Sor Cristina- las lágrimas. Cuanta indiferencia en nuestra burbuja cotidiana. Que indigno aceptar estas situaciones pensé… Pero en el día a día de este África no hay mucho tiempo para lágrimas porque hay que seguir adelante…

Y así fue, el resto del día fue una jornada agotadora de trabajo: emocionalmente y físicamente. Y además mucho calor, y los mosquitos, y la humedad. Desbordado por emociones y por el cansancio físico le pregunté a Sor Cristina: ¿cómo puedes mantener este ritmo de cambio, de trabajo, de dedicación, de esfuerzo…?Su respuesta: “Recibo mucho más de lo que doy. Estoy llena. Mi vida tiene sentido…”

Días mas tarde, intentando asimilar lo vivido cada segundo, volvió a surgir esta pregunta con Marcos: “¿cómo puedes mantener este ritmo de cambio, de trabajo, de dedicación…?”Construir escuelas, puentes, pozos, huertos, dispensarios médicos, catequesis, misas, bautismos, enfermedades, malaria, miles de kilómetros anuales, la presión -a veces violenta- de otras culturas, la muerte presente día a día en forma de enfermedad, violencia, accidente, falta de respuesta médica… Su respuesta: “tengo un propósito: ayudarles, servirles”.

Sor Cristina, Marcos… respondieron lo mismo. En el libro de Viktor Frankl “El hombre en busca de sentido” aparece la misma respuesta. Para Ramón fue lo mismo: hoy la fundación[2] que lleva el nombre de su hija -10 años después- ayuda a liberar prisioneros de la cultura y la pobreza en Benín (y él y Arantxa, a pesar del dolor de la pérdida siguen con su propósito de extender la sonrisa de su hija a otros muchos niños y sus familias) … Sí, la fuerza del Propósito.

Durante estos años hemos seguido colaborando con Benín, con Guinea, con otros muchos proyectos… Otros muy cerca de aquí. Pero me inquieta la pregunta… ¿solamente se puede encontrar el propósito yendo a las Áfricas que claman ayuda? ¿hay que dejar la vida del día a día que llevamos aquí? ¿qué otras opciones hay? ¿las hay?…

Otras profesiones como ser maestra, medica, enfermero, psicóloga… quizás lo tienen más sencillo: salvar vidas, educar, acompañar en la pérdida… Pero, ¿y los que hemos decidido ser directivos? ¿qué más hay además de ganar dinero, incrementar la cuota de mercado o la rentabilidad, o ser líderes del segmento, o innovar nuevos productos…? ¿Esto puede motivarnos a lo largo de toda una carrera profesional? ¿Ser el propósito o el significado de toda una vida?

Puede haber un gran sentido en nuestras carreras profesionales. Por supuesto la que tiene que ver con la tarea, el proyecto, la meta de nuestra organización o departamento… Pero hay otra, mucho más poderosa. Ser directivo, manager, miembro de un equipo encierra un significado que a veces se olvida. Servir a los demás: a tus colaboradores, a tus clientes, a tus stakeholders… Ese propósito nunca se agota y es la fuente de resiliencia más poderosa que existe. Marcos, Sor Cristina, Ramón y Arantxa lo atestiguan… También hoy estudia esta energía universidades como Harvard, Stanford o Berkeley… ¿Por qué será?

Ya seguiremos reflexionando sobre ello.

Mientras tanto: Encuentra y abraza Tu Propósito.

Publicado anteriormente en la revista Capital Humano.

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