N.P.M. y la Alostasis Organizativa

Me perdonen los médicos. Me perdonen los científicos. Acabo de mestizar ciencia y management. Alostasis organizativa. Pero me atrevo a esta herejía por reivindicar a un amigo. A un amigo que sufre de presión y estrés crónico.

Empezaron siendo episodios agudos. Fortuitos parecían. Hoy se han convertido en habituales, en la norma, en su día a día. Ya no distingue lo que es normal de lo que es habitual –lo habitual no tiene por que ser normal, ni bueno ni correcto.

Mi amigo se llama N.P.M. 44 años. Licenciado. Muchos años en la misma empresa. Empezó ilusionado deseando cumplir su sueño: un trabajo con el que crecer, desarrollarse, sostener una familia… Lo normal, que en este caso sí es bueno y correcto. Persona comprometida y responsable. Con talento. Pero hoy le han diagnosticado que su edad vital es la de una persona mucho más mayor. No bebe, no fuma, no tiene adicciones… pero su reserva cognitiva y emocional está bajo mínimos.

¿Por qué? La culpa es de la Alostasis… y de alguno otro.

Cada día los humanos nos encontramos con situaciones que consumen, de una u otra forma, nuestra energía. Si, cada vez que tropezamos con alguna circunstancia retadora, adversa o amenazante, la respuesta automática es una mini-reacción de lucha o huida (algo para lo que estamos programados); y si para inhibir su expresión externa (nos han enseñado desde niños a actuar así), simplemente reprimimos o negamos esos conflictos, terminamos el día en tensión, estresados o muy estresados.

Si esta pauta de reacción se convierte en un estilo de vida –y no disponemos de formas sanas de liberar la tensión acumulada- lo más factible, al cabo meses o años es que acabemos sumidos en un estado de estrés crónico que raras veces logramos romper y acabamos considerándolo normal (por habitual, que no por bueno ni correcto).

Así es como normalizamos una extraordinaria carga alostática que llevamos encima. Y esto es lo que nos desgata innecesariamente: a nuestro cuerpo, a nuestra mente y al corazón. N.P.M. 44 años, licenciado, padre de familia, un talento… está agotado física, mental y emocionalmente. ¡Tenemos un problema!

Mediante el mecanismo de la Alostasis, el sistema nervioso central dirige a demanda al sistema nerviosos autónomo, al eje hipotálamo – hipófisis – adrenal, y a su vez al sistema cardiorrespiratorio, metabólico e inmunológico, con el objeto de proteger a la persona de los cambios (estrés interno y externo) y sobrevivir. Reacciones en cadena que luchan por ayudarnos a adaptarnos al medio. Hasta aquí: normal. Estamos diseñados para sobrevivir… Es una reacción natural y sana. Pero no lo es si se convierte en un estilo de vida.

¿… y los otros culpables?

El primero de ellos el propio N.P.M. Por no cuidarse, por no buscar ayuda, por no decir que no a muchas demandas del día a día y de la empresa, por no buscarse otra empresa quizás menos tóxica, u otros jefes menos tóxicos… Dejarse llevar día a día, sin poner remedio, por esa cadena de reacciones es su irresponsabilidad.

Pero hay más.

N.P.M. es producto de una cultura, muy arraigada en muchas empresas, que reclama disposición total de los profesionales, sin límites. Una cultura voraz que puede devorar a sus empleados. Que proclama que la vida es dura y hay que saber “sufrir”. Que acepta las reacciones agresivas -de esos que no reprimen sus tensiones- si van orientadas a lograr mejores resultados para la empresa. Que sin embargo ven como debilidad que alguien exprese vulnerabilidad, pida ayuda o sugiera que hay otras formas menos agresivas de conseguir mejores resultados… Sobre todo si se quiere ser sostenible.

N.P.M. es el resultado de estilos directivos orientados solo al resultado, a cualquier precio. De políticas de recursos humanos centradas en el convenio y los salarios y evitar ruidos sindicales y organizativos. De comités de dirección que no se creen eso “de que las personas adecuadas y su talento son el activo más importante”.

La carga alostática organizativa es el conjunto de energía necesaria que las persones despleguemos –mucha de ella desperdiciada- para lograr que sus profesionales se adapten a los retos, las amenazas y las adversidades del día a día. Hay una parte necesaria (innovar, vender, lograr, cambiar, reestructurar, desarrollar…) pero hay otra que es producto de culturas y estilos directivos tóxicos. Esta última es la que esta injustificada y hoy quiero denunciar.

N.P.M. es responsable de si mismo y de su carga alostática. Pero también N.P.M. es víctima de un sistema tóxico que se sigue permitiendo –y que en muchas organizaciones ve como normal: tensionar el sistema (las personas) hasta su extenuación.

Si accionistas y resto de stakeholders supieran algo más sobre Alostasis reclamarían que se incluyeran indicadores al respecto en las memorias anuales -sobre todo si son de Sostenibilidad.

Pero ya hablaremos de eso.

Mientras tanto: Cuida tu carga alostática y la de tu equipo. Los recursos son limitados si no se renuevan y recargan con hábitos y culturas organizativas saludables.

Nota: N.P.M. es el acronimo de mi amigo (NO PUEDO MAS). ¿Le conoces?

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